Bueno, me voy a almorzar”.

¿Cómo que te vas a almorzar? Yo hace media hora que estoy esperando mi turno sentado en este asiento de cuero. Además cada vez que me muevo suena flatulento y tengo que mirar con cara de “es el asiento no yo”. La señora decide almorzar justo ahora que terminó de atender al 52, ¡y yo tengo… el 53!

Pésimo augurio. Si tenía alguna esperanza de que hoy pudiera hacer mi trámite esto es la señal que tira todo por la borda. Que la señora se vaya a almorzar es mi “pájaro de mal agüero”. Va a ser imposible sacar el monotributo.

El solo hecho de que sea la tercera vez que vengo a iniciar el trámite cuenta bastante respecto del pánico que me produce hacer este tipo de cosas. Por otra parte, saqué el turno cinco veces y cuatro no vine. Sé que dicen “la tercera es la vencida” pero para mí será la quinta.

No se si será en todos los países así pero, básicamente, los empleados públicos en la Argentina tienen como parte de su horario de trabajo una rutina que va desde depilarse las cejas, hasta tomar un termo de mate. En esta oficina, por ejemplo, hay una fila larga atendida por un muchacho que da números. ¿En cuántos lugares del mundo la gente hace una fila para tener su lugar en la segunda fila?

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Vuelvo a mi trámite. La señora que atendía ya salió por la puerta en busca de su almuerzo. Por suerte, hay otro hombre atendiendo. Es un pelado de barba candado. Cara de escasos amigos (menos que pocos). Descarga toda su ira en los golpes con sello. Está terminando de atender a un señor mayor.

El pelado agradece al señor mayor y parece que lo despide. ¿Seré el próximo o él también se “irá a comer”? Cambio la pierna de apoyo. Sentado y de piernas cruzadas ahora la que toca el piso es la derecha. Más vale arrancar mi trámite con el pie derecho.

Paso en limpio toda la situación para estar atento: Tercera vez en las oficinas del monotributo, 5 turnos solicitados tras 4 ausencias, 53 mi número, la señora se levantó y se fue a almorzar, trámites online hechos (¿bien hechos? me pregunto), Factura de servicios en mano, documento de identidad en la billetera. Sigo yo, el señor mayor se levanta lentamente. ¿Podré finalmente sacar el monotributo? En minutos voy a tener mi respuesta. ¿Expectativas? pocas.

¡53!

– Yo

Me levanto. En una maniobra extraña me paro sobre la pierna derecha y trato de dar  el primer paso también con esa pierna. Conclusión, pequeño y ridículo saltito a modo de presentación.

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¿Por qué tema venis?

– Vengo a hacer el monotributo.

¿Habías sacado turno por internet para eso o para otra cosa?

– Creo que para esto, ¿dice otra cosa?.

Pregunto con miedo, mientras me dispongo a volver a casa con otra derrota

No gaucho, solo te estoy preguntando

¿Gaucho? ¿tengo pinta de gaucho? Odio a la gente que habla así. Además, ¿no sabe usted señor pelado que a partir del momento que dijo 53 usted es amo y señor del universo para mí?

¿Trajiste las dos facturas de servicios?

– ¿Cómo dos? la vez pasada empecé el trámite con una, de hecho en la web solo dice una. No me digas que me voy a tener que ir

Nah, tranquilo. Con una alcanza, es mejor con dos, pero con una alcanza.

¿Y si con una alcanza por qué me haces esto?

¿el DNI tiene el domicilio de la factura de servicios?

– Por supuesto

Uno a uno. La primera que tengo a mi favor

¿Completaste los formularios?

– ¿Qué formularios?

Los del monotributo están en la web

– ¡No me digas!… ¿y ahora?

Listo a casa. Pero sabé una cosa pelado de barba candado, no vuelvo nunca más.

Dejá, me meto en internet, te lo imprimo y me los completas ahora.

– Gracias

Al final resultó buen tipo.

Acá están, completá los dos con letra clara. Yo mientras te voy habilitando la clave fiscal

– Dale, gracias

¡Maldito Monotributo! El trámite
La firma del Monotributo. Climax del relato

Acá seguro hay algo que no voy a saber que completar, fija. Nombre, bien. Apellido. Domicilio. Hasta ahora vamos bien. Datos de referencia, nombre de padre y madre. Bien. Datos de contacto, correo electrónico. Bien. Parte de atrás de la página. Condición de monotributista, planes… no tengo idea de que me están hablando acá.

-¿La parte de atrás la completo también?

No eso lo completamos nosotros, solo tenes que firmar abajo donde dice Don poné tu nombre y apellido y después firmás.

Donde dice don… ¡6 años estudiando en la universidad y cuando hago mi trámite de trabajador independiente no me permiten hacer uso de mi tan codiciado Lic. !

¿Listo?

– Si

¿Las dos copias?

– No, pensé que una era para mí

Si, pero la tenes que completar igual

– Ah… ok

Bueno otra vez, nombre, apellido, correo, don Joaquín…

-Listo

Bien. Ahora firmá acá, con esto

“Acá” es una pantalla que me recuerda a las pantallas de las agendas electrónicas y “con esto” es una especie de lápiz cómo de palm.

-No me toma la firma

hace fuerza, a veces no anda bien

¿Cómo va a andar bien si parece un equipo de alta tecnología de 1996?

– Ahí tomó pero no se parece ni un poco a mi firma

Intento hacer un chiste

No importa. Ahora poné el dedo índice acá

– ¿así?

Ese es el pulgar, el índice es el que señala

– Claro

Al lado del pelado hay una cartulina con una mano, cada dedo lleva escrito su nombre. Evidentemente, lo mío es un error común. Siempre es el dedo pulgar el que te toman las huellas digitales, ¿por qué quieren innovar? Encima quedo como un idiota. No hace falta que me diga “el que señala”. Contra todo pronóstico el trámite avanza, lento, con gotas de sudor que se desplazan desde la sien ante cada interrogante, pero avanza.

¿Recibo de sueldo?

– ¿Cómo?

Recibo de sueldo, pusiste que tenes otro trabajo donde te pagan la jubilación y la obra social pero no me diste el recibo de sueldo

– No, pensé que eso se hacía después online

No

– No me digas, y ¿qué hago?

– Te lo puedo dejar empezado, pedí turno y vení otro día a terminarlo… ¿No tenés uno viejo?

En la mochila, de casualidad, creo que tengo uno. La vez pasada necesitaba anotar un número de teléfono y use un recibo de sueldo viejo y para no ordenar lo escondí en la mochila.

– Uno del año pasado, ¿servirá?

Lo hacemos servir. Necesito el Cuit de tu empleador

“Lo hacemos servir” no solo voy a terminar mi trámite. Voy a cambiar mi mirada respecto de esta gente. Sellos, firmas. Los sellos se aplican por parte del pelado con toda la fuerza, intuyo que imaginará mi cara debajo del papel, pero bueno quizas me lo merezco. Un sello más y fin del trámite. “Lo terminas por internet, pero lo que sigue es fácil” La realidad es que no me importa si es facil o dificil, habiendo terminando lo presencial el resto es en la tranquilidad de mi hogar.

Salgo de la oficina con la cabeza en alto, renovada mi energía y mi autoestima. Una señora mayor va subiendo las escaleras. La ayudo a subir. Paso a paso, la acompaño y le abro la puerta. “Gracias joven” dice la vieja con voz finita “no es nada señora” respondo elegante. Terminé mi etapa presencial de un trámite, me siento He-man.


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Un comentario sobre “¡Maldito Monotributo!

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