anillos– Todo lo que haremos dentro de quince minutos será una gran mentira-. Nos dijo mirándonos a los ojos-. Les estoy revelando el secreto más grande de la historia de la humanidad-. Recién ahí terminamos de entender por qué nos habían citado quince minutos antes al registro civil sólo a nosotros dos.

Llegamos antes que nuestros seres queridos y estábamos esperando con Belén en el hall cuando el juez nos llamó al salón del registro civil. Confirmó unos datos y nos pidió los documentos. Estábamos tan felices como nerviosos y con una ansiedad brutal por dar nuestro sí. Sin embargo, el secreto nos cayó por sorpresa. El juez terminó su gran revelación y se quedó en silencio, expectante de que alguno de nosotros lo interrumpiera. Entendí la voluntad del juez y pregunté lo primero que me vino a la mente.

– ¿Fue siempre así o en algún momento hubo casamientos de verdad?

– La realidad es que no hay muchos registros, pero se cree que la primera boda falsa se realizó hace más de dos mil años en Caná…

– El primer milagro de Cristo.- Interrumpí

El juez se detuvo con sorpresa.

– Estudió teología- dijo Belén con algo de resignación

– Se cree que esa fue la primera boda falsa, nada de vinos hechos del agua, parece que lo que en verdad pasó es que ante el arrepentimiento de los novios hubo fiesta igual. Nadie sabe a ciencia cierta si es verdad, o no.

Nos quedamos unos segundos en silencio. Todavía no entendíamos lo que pasaba. El juez se rascó la cabeza y prosiguió

– Se imaginarán que si el mundo entero se diera cuenta de la farsa podría ser algo terrible.

– Desde luego.- Dije.

Belén se dio cuenta de que no estaba prestando mucha atención y que contestaba en piloto automático.

– ¿Por qué nos avisan recién quince minutos antes?- preguntó, en tono Sherlock Holmes, mi futura falsa esposa.

– Hay todo un negocio en torno a los casamientos que de avisarles antes corre riesgo de desaparecer.

– No entiendo- reproché mientras bajaba a atarme los cordones de mis zapatos  comprados para la ocasión.

– Los floristas, por ejemplo, se quedarían sin trabajo. Lo mismo para los salones de fiestas, los artistas de shows, los choferes, las empresas de catering, los wedding planners, los hacedores de moños, los modistas, las casas de trajes, las casas de cotillón… le digo más, sin casamientos el barrio de Once desaparecería.

– ¿A quién se le ocurrió esta farsa? pregunté.

– El que estudió teología es usted- dijo el juez, pero su tono sonó a “Jaque Mate”.

Firmamos varios papeles, pero en ninguno decía la palabra “matrimonio”. Mientras la birome pasaba de mano en mano pensé que podría haber algunos beneficios al no existir el casamiento. Razoné sobre lo saludable que sería evitar los divorcios, los conflictos familiares y pensé en los niños.

– En caso de separación ¿No sería mejor, para que los chicos no sufran, revelar el secreto de que la unión no existe?- pregunté mientras le devolvía la birome al juez.

– ¡De ninguna manera! Sin esos niños sufrientes ¿cómo podrían tener trabajo los psicólogos?

Todos los detalles estaban pensados, y era lógico porque era un secreto guardado por más de dos mil años y por toda la humanidad. Comerciantes y psicólogos, hombres y mujeres, familias completas en un complot planetario. Podría parecer de película de espionaje, pero se trata de la vida misma.

– ¿Y entonces qué es lo que firman los novios en la libreta roja de matrimonio? preguntó, aguda, Belén que seguía escrutando el contexto desconfiada.

– Se trata de un contrato de confidencialidad y se pone por escrito que ustedes no revelarán el secreto. Sin este tipo de contrato en los matrimonios, yo mismo no tendría razón de ser como juez.

Finalmente, dejaron pasar a los invitados que ya se habían agolpado en la puerta. Estaban, realmente, todas las personas que habían sido importantes en nuestra vida. Entraron uno a uno los amigos, los de años y los últimos que conocí, la familia, algún compañero de trabajo… todos. Los vimos entrar mientras los invitados nos saludaban de lejos. Los más jóvenes estaban emocionados hasta las lágrimas. Pude distinguir la diferencia de la sonrisa cómplice de los casados. Vi en los solteros la misma mirada de mis hermanas de chicas saludando a Papá Noel por la ventana.

El juez dio un discurso algo confuso sobre el amor y la paciencia. Luego pidió a nuestros testigos que nos dijeran algunas palabras. Finalmente, nos invitó a pasar al centro y preguntó mientras guiñaba sutilmente un ojo si aceptaba a Belén en matrimonio.

La miré a los ojos a Belén. Se le escapó una lágrima de emoción por la mejilla. Nos apretamos la mano. Miré al juez y dije con fuerza “si, acepto”. Belén hizo lo mismo a su turno. En ese momento que nos miramos con Belén nos dimos cuenta que preferíamos vivir esa mentira de amor, al horror de verdad que nos vendía el juez.

NOTA DEL AUTOR

El viernes pasado, efectivamente, nos casamos con Belén y por ese motivo estuve y estaré escribiendo menos en el blog, respondiendo menos comentarios y visitando menos blogs de amigos. A la vuelta seguiremos compartiendo!

5 comentarios sobre “La gran mentira

  1. El matrimonio sigue siendo una institución fundada por Dios; sin embargo el hombre se a encargado de pisotearlo y ridiculizarlo ante la “gran sabiduría humana”.
    Que Belem y tu sigan adelante y que Dios les bendiga y los mantenga unidos a pesar de las tormentas que puedan llegar. Saludos!

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