3732991381_dd0a23175a_zAhora que soy padre descubrí que hay un lugar soñado donde los niños son felices: las plazas y sus juegos. Tienen hamacas, toboganes, pasamanos, espacio para jugar a la pelota, piso de goma eva, patacletas (que puede ser que solo existan en Palermo)… son Disneylandia pero de la América Latina profunda.

Sin embargo, creo que nunca nos hemos detenido lo suficiente en este reducto infantil.

Tomemos por caso el sube y baja. Es un juego que consiste en una tabla de madera apoyada en su punto medio sobre un caño petiso.  Los niños se sientan en las puntas uno enfrente de otro y se impulsan alternativamente hasta lograr estar en lo más alto. Todo esto para sentir una especie de placentero picor estomacal producido por el vaivén vertical.

Así explicado es clarísimo, pero ¿Alguien notó que en las plazas nunca hay nenes jugando así en los subibaja? ¡Ni uno! ¡Siempre hay un nene, solo, parado en el medio haciendo equilibro! O, lo que es peor aún, hay dos niños, pero de notoria diferencia de peso. Entonces en lugar del placentero vaivén vertical tenemos a un gordito aburrido abajo; y arriba, otro nene con una cara de susto como de haber visto a Papá Noel empomandose un reno.

Hay, también, unos juegos que fueron quedando desde la prehistoria de las plazas, seguramente del momento en que los viejos pensadores griegos se juntaban en ellas para debatir sus repúblicas.

En esas plazas, filósofos y pensadores tomaban mate en un espacio especial: las mesas con mosaicos de tableros de ajedrez. Ahora bien, en aquella Grecia antigua lo entiendo, pero en la actualidad ¿Cuántos pequeños Bobby Fisher vemos jugando al ajedrez en las plazas? Quizás están esperando que algún ruso se acerque al parque. ¡Multitudes de rusos entrenando el deporte más aeróbico del mundo!

Además me parece muy contradictorio que en el medio de un parque, que supone actividades recreativas al aire libre, pongan un lugar para jugar juegos de mesa. ¿Para cuando los árboles de las plazas con Netflix?

También está la trepadora de media luna, este caño con forma de semicírculo con palitos, cuyas funciones más específicas son que los niños trepen con las manos; cuelguen de sus pies; o, lo más recurrente, la usen como arco de fútbol.

Algo que ahora está de moda, y que me parece muy bien, es que en la mayoría de las plazas hay juegos integrados para chicos con discapacidad motora. Una buena idea, que además fomenta la integración en los chicos, da la posibilidad a todos los niños de ir a la plaza, etc. Hasta ahí todo muy bien.  

Ahora, digo yo, ¿era necesario que el juego integrado sea la hamaca? ¡¿Justo una silla tenían que integrar?! ¿No era más fácil un tobogán? ¡Lo único que tenían que hacer ahí era ponerle rampa al lado de las escaleras y dejar la rampa del lado del tobogán!

Si van a hacer un juego integrado en la plaza ¿No hubiera sido preferible una calesita? Total en la calesita ya hay de todo: pato con gigantismo, caballo que va más alto que un helicóptero, ¿que les jodía sumar “paralítico en silla de ruedas”?

También hay un juguete clásico que es la cruza perfecta entre entretenimiento infantil y arte: El metalofón de plaza. Es un Instrumento musical que tiene un pequeño inconveniente: le des al palito que le des suena la misma nota. Es decir, un juego musical creado por alguien que en su puta vida escuchó una escala.

Además el metalofón se toca con una especie de pinza de mecánico y a los golpes, ¡con lo peligroso que es eso para los niños! ¿A quién se le ocurrió la idea brillante de agarrar a un niño en estado de excitación pura y ponerle una herramienta de mecánico en la mano para dar golpes? ¡Ven niño, aprovechemos que estás en el parque y ponte a jugar a cortar árboles con ésta hacha! ¡Oh niño excitado, ¿para qué jugar a los tiros con una pistola de agua si puedes jugar con este calibre 22?!

Cuando era chico, me acuerdo que me fascinaba ir a la plaza con mi abuelo, hacer equilibrio en el sube y baja, componer sinfonías de una sola nota en el metalofón y atajar penales en la trepadora. Quizás ahora noto las contradicciones de las plazas porque los adultos nos olvidamos lo que es jugar.  

Un comentario sobre “¡A jugar a la plaza!

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