whatsapp image 2019-01-18 at 11.36.26Se ha dicho que los hombres somos lo que inventamos para no aburrirnos. Por eso, en tiempos de frenética diversión quiero que repensemos un poco la utilidad de los juegos de mesa.

No puede ser bueno algo que nace como un pasatiempo. No se llama cagarnos-de-risa… se llama pasa-tiempo. ¿Qué puede salir divertido de una Generala o un chinchón? Es como pretender que nos entretenga un programa conducido por Fernando Bravo, un asesino de la risa.

Otra frase que suele decirse es “somos como jugamos” y a mi me gustan mucho los juegos de mesa que nos permiten ver la personalidad de las personas. Están los que les gusta ganar, los que no les gusta perder y los” ¡Tomá puto! ¡Comé, comé! ¡Cagón!”.

De éstos juegos que despiertan la competitividad mi preferido es El Tabú. Un juego en donde nos hacen adivinar una palabra sin poder decir ninguna de una lista de prohibidas. Es como lo que tiene que hacer el ferretero cuando empiezo con “es un coso, que lleva un cosito…”.

Gladys, mi madre, es fanática del Tabú. Al igual que en el juego, ella nunca dice las cosas más evidentes y nosotros tenemos que ir adivinándola. Si Madre dice “Lavo los platos y voy” en realidad, está pidiendo que alguien lave los platos. Si Madre dice “¿A qué hora vas a volver?”, significa “Ni se te ocurra llegar después de las 22hs”. . Y si Madre dice “dejá, no pasa nada”… seguramente el mundo esté por explotar.

De todos los juegos de cartas el primer lugar lo ocupa, por lejos, un juego tan sencillo como apasionante; Una competencia sutil, de gran destreza táctica y estratégica; Para jugar especialmente con niños por su gran valor educativo; Un juego con una reprimenda moral y ética tremenda para el perdedor, que deberá cargar consigo la humillación, por los siglos de los siglos: el culo sucio… ¡Qué nombre de mierda!

A mí me gusta el tabú y el culo sucio (quizás porque no haya un tema más tabú que andar con el culo sucio), pero muchas veces me pregunto cuáles serán los juegos preferidos de otras personas. Como no puedo tener esas respuestas me las invento.

Los psicólogos se dan panzadas jugando al pictoniary, como Giselle Rímolo, con el operando. Los del colegio técnico son fanáticos del ludomátic; y los arquitectos, del jenga. Seguro Todes les del lenguaje inclusive jugaban a las damas; y Nisman, al Misterio.

En la sociedad rural juegan al estanciero, que es el mismo juego que juegan en países del primer mundo, pero allá se llama Monopoly y en lugar de campos se compran empresas. Y lo que en el mundo se llama batalla naval, en Argentina le llamamos Ara San Juan.

Así podría seguir poniéndome cada vez más negro, pero prefiero terminar el texto acá y ahorrarme el tema de la tarjeta que le debe haber tocado a Hitler en el T.E.G.

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