whatsapp image 2019-01-21 at 13.29.00Para presentar a la banda Emi pisaba Four-on-the-floor y lo floreaba con algo de swing en el hi-hat y el redo. A eso se subía Vicky haciendo Slap para completar la base. Después nos sumábamos uno por uno: Legui en la viola rítmica, Tabo en la lead, quien suscribe en el saxofón y Diego le ponía magia desde la voz.

Analizado años después, sonábamos para el orto pero éramos demasiado vírgenes para saberlo. Desde que Destinos Cruzados se separó toqué con muchos músicos, sin embargo, esa magia de pendejos inconscientes preocupados por ser felices más que por tocar bien, sigue siendo de las mejores experiencias artísticas de mi vida.

El gran objetivo de la banda había sido tocar en “La colorada”, un tugurio infame en caballito al que todos los aspirantes a rockstars tenían como culminación estelar de su etapa de lanzamiento.

Después de la colorada podían pasar dos cosas:  La gloria de los pubs rockeros, o la desintegración de la banda. Encaramos esa fecha pensando en lo primero, sin saber que estábamos preparándonos para lo último.

Nos habíamos puesto más exigentes. Cambiamos instrumentos, sumamos invitados y ensayamos en una sala nueva, más frecuentada por músicos “de verdad”. Si bien la fecha de la colorada fue la última, lo cierto es que para mí la banda comenzó a terminarse en ese cambio de sala, en especial con el episodio del baño.

Vivíamos equivocados. Cantábamos que nos cogíamos a las minas sin forro, pero en los bailes nos daba vergüenza sacarlas a bailar. En las canciones hablábamos mucho de drogas, pero a Martín no lo invitábamos a nuestros cumpleaños porque “fumaba porro”. En los ensayos gritábamos “Y si la noche pintó/otra vez sexo y rocanrol”, pero volvíamos a casa 21hs a comer milanesas caseras con jugo Tang.

Éramos tan niños disfrazados de grandes como idiotas disfrazados de roqueros. Durante años tuve un poster de Jim Morrison pensando que era Mick Jagger. ¡Que ganas de viajar a esa época y hacerme Bullying para bajarme del pony!

El día del episodio del baño estábamos ensayando con las coristas invitadas. Nos habíamos desafiado a ver a cual de nosotros una de estas chicas le chupaba la pija en el pipiroom. Ya dije que vivíamos equivocados y que me gustaría viajar en el tiempo a cagarme a trompadas.

Entre tema y tema me dieron ganas de ir a mear así que cortamos dos minutos. Cuando entré al toilette un muchacho de remera negra, pulseras, jean oscuro y pelos largos estaba levantándose rápidamente de la bacha. Segundos antes había peinado una línea con una tarjeta de crédito y la había aspirado con la carcaza de una big.

No entendía nada pero temblaba como un flan. Se ve que el flaco vio mi cara de susto y me ofreció si quería. Recién ahí entendí que se estaba drogando. Me dolió la panza, quise llorar y que mi papá me pasara a buscar.

Tiempo después tocamos en la colorada y el recital salió muy bien. Nos sentíamos los reyes del mundo y creíamos que nuestra carrera estaba proyectándose, pero nunca más volvimos a tocar. Al tiempo, terminamos la secundaria y fui dejando de ver a los chicos.

Creo que mi adolescencia se resume en ese momento mágico donde con amigos nos hacíamos los grandes, desconociendo el mundo pero volviendo a casa a comer milanesas caseras con jugo Tang.

7 comentarios sobre “Nos drogábamos con jugo Tang

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