IMG-6032.PNGTenemos una falsa idea romántica de la lluvia. Cuando empieza a llover todos nos imaginamos a dos enamorados besándose bajo una tormenta que les acaricia la cara, y les moja las remeras entreviéndose abdominales y pezones. Escuchamos truenos y volvemos al momento pos amor, todavía en nebulosa, abrazados y desnudos con la persona de nuestras vidas oyendo esos truenos y mirando la lluvia por la ventana.

¡Todo eso es una mentira! La lluvia desconoce de amor y romanticismo y se le da por caer en los momentos más putos: cuando estamos caminando por microcentro, con gotas frías, pisando baldosas flojas que nos mojan las medias hasta el final del día, y desde luego, cae cuando no tenemos paraguas.

Y entonces esos besos empapados, de lenguas y hombros mojados, apasionados, rebeldes, calientes que sale vapor de la boca al contacto con la lluvia, se transforman en una tormenta real de poesía urbana: “¡Uy se largo-ya, y con-cha-parrones! ¡Voy a llevar el para-guas-ca que empezó a llover-ga!”.

El Paraguas es un invento muy útil que no sirve para nada. Su función principal es la de ser olvidado. Nació para que salgamos de casa sin él, como Kevin de mi pobre angelito. Otra tarea del paraguas es la de romperse, porque al más mínimo roce con el viento se parte a la mitad… como Gago. Y no hay forma de llevar un paraguas cerrado que no sea molesto… como una suegra. (NdA: Todas las suegras menos la mía que además de ser genia, lee estos textos).

Tendríamos que habernos dado cuenta que la cosa no iba a funcionar desde el momento en que se le puso nombre a este objeto del demonio: Paraguas. Suena choto, “Para-aguas” no es que le pusimos “Detiene-aguas” que suena más sincero, o mucho mejor “Para-tormentas” ahí seguro que no nos mojábamos.

Además, se sabe que el paraguas nació copiado de las sombrillas y los parasoles. ¡Es insólito! Esos objetos parten de cuidarnos del exacto opuesto de la lluvia.  Sería como ponerle velas a un avión en lugar de alas y pretender que vuele.

Se cree que al paraguas lo inventaron los chinos en el siglo XI a.C. Fueron los ingleses quienes lo convirtieron en un objeto de suprema elegancia, que se usaba más como bastón.  En argentina, en cambio, lo hicimos paragüitas… una golosina. ¿Notaron que una de nuestras mejores golosinas es un escarbadientes con chocolate?

Yo no puedo creer que todavía, en pleno siglo XXI, con celulares, inteligencia artificial y drones, sigamos usando paraguas. ¡La ciencia y la tecnología se empecinan en mejorar cosas que no necesitamos! Que me importa a mi la curvosidad de una pantalla, si no soy capaz de hacer dos cuadras sin mojarme cuando llueve. PRIORIDADES señores de la ciencia y la tecnología!

Creo que falta tiempo para que aparezca una cápsula transportadora, con microclima, que nos permita andar por la calle los días de lluvia. Hasta que eso suceda seguiré riéndome de las personas luchando con sus paraguas en la calle, y que salpican al de al lado hasta la más tenue garúa.

Un comentario sobre “¿Quién inventó los paraguas?

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