IMG-6095.PNGLa mejor peor noche de mi vida, justo no estuve presente. Suena contradictorio, pero fue así. La noche del 31 de diciembres de 2013 será siempre la de la fiesta en la playa con  amigos.

Solo en esa noche Panzotti se volcó encima el vino blanco que habíamos servido en un melón, Buba contó varias anécdotas sin remate, Cami Torres registraba todo con la cámara de fotos en una mano y un vaso de fernet en la otra, Marcelo hacía imitaciones muy negras de discapacitados pidiendo en el transporte público, alguien que no me acuerdo festejaba tirando los huesos de las sobras como cañitas voladoras, lukete hacía pesas y yo me reía con una risa sobreaguda insoportable mientras cantabamos Hakuna Matata.

Pasadas las doce, y llamados por la música que venía de un balneario, nos colamos en la fiesta del “caparcona”. Para que nadie sospechara decíamos que éramos de la carpa 25, pero deben haber sospechado porque tiempo después nos dimos cuenta que las carpas llegaban hasta el 22.

Bailamos el vals, un DJ hizo juegos y viendo que nosotros nos prendíamos trató levantarse a Panzotti, Marce o Fede (el que primero respondiera). Tomamos mucho gratis de la canilla libre de la fiesta. Incluso empezamos a llamar a la gente por apodos: pelado, chino y tía en tetas son los que más recuerdo.

Algunos se quedaban dormidos, otros se iban y al rato volvían, muchos pasaban por el baño y otro consiguió alguien con quien cumplir la fantasía de coger en la playa.  Salió el sol y nos encontró bailando completamente borrachos. Estaban los que habían perdido sus ropas en la fiesta y los se arrastraban por el piso. Como pudimos nos fuimos a lo Deby, que había puesto la casa para diez en la playa.

Sin dudas se trató de una de las noches que quedan en el recuerdo. El problema es que en algún momento yo me fui. Conté esta historia tantas veces que ya no me acuerdo cuándo. Ya no sé  qué de lo que cuento es verdad y qué, un falso recuerdo por contar la anécdota.

La única verdad es que en algún momento fui a “separarme”, a pelearme para siempre, con una chica que ni siquiera conocía tanto como para “separarme”. De esa parte de la historia me acuerdo de discutir angustiados y en voz baja. Creo que alguno  lloró en la puerta del baño de Caparcona mientras del otro lado del biombo se escuchaba una fiesta que sería irrepetible.

Siempre se me escapa una risa al contar la historia de caparcona, titanic y la tía en tetas de la noche de año nuevo 2013/2014. Pero me río porque cuento la anécdota del grupo y no la propia. Aunque con el tiempo descubrí que vale más ese recuerdo ficticio que el verdadero.

Algunos tienen amigos que les prestan plata, otros, el auto. Yo a mis amigos les pido prestada ésta anécdota. Cuando la cuento vuelvo a vivir esa fantasía y, como muchas cosas en la vida, ya no se lo que es real y lo que es ficción.

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