IMG-6681
Un cuento de fútbol de Juaco Stringa

Recién ahora, que Racing Club está peleando el torneo otra vez, me doy cuenta de que el famoso campeonato de La Academia y la muerte de mi abuelo Casiano fueron el mismo día. A casi 20 años de aquel 27 de diciembre del 2001 descubro este detalle que para mi tío Alberto, hincha del equipo de José, no debe haber sido tal.

Recuerdo aquella navidad en la casa de mis abuelos como una de las más tristes. Don López se descompuso después de que toda la familia llegara a la casa, como si los hubiera estado esperando. Como el viejo era corajudo, nos prohibió quedarnos en el cuarto y nos mandó al patio a festejar navidad. Hicimos que celebrábamos para darle el gusto, pero los champanes cerrados le ganaron 9 a 1 a los abiertos.

Imagino que debe haber sido duro para mi tío ese momento. Racing llevaba 34 años sin coronarse y mucha mala suerte acumulada. En ese intervalo La Acadé había descendido a la B y resurgido en un partido contra Lanús en cancha de River, que todo futbolero de ley  vio en algún momento de su vida.

Racing estaba a un empate del campeonato pero imagino que mi tío pensaba más en el vermut. Era muy lindo ver a Don López, levantarse temprano el sábado a la mañana y recorrer el barrio, siempre saludando y siendo saludado, en búsqueda del queso y el fiambre para el vermut del medio día. No había sábado que el ritual no se repitiera.

Todos teníamos alguna anécdota o algún detalle con Casiano. Yo recuerdo las tarde de siestas en su cama donde me narraba historias de su vida para que me durmiera. Muchos lo tienen jugando al dominó en el Deportivo Español y hay quien lo conoció como “el gallego que enseña a hacer asados”.

Me parece poético que la gloria y la muerte se hayan dado cita el mismo día. Al mediodía de ese 27 de diciembre, un colectivo lleno de jugadores se abría paso entre la gente en el mismo momento que la ambulancia que llevaba al abuelo, lo hacía entre los autos. El silencio sepulcral de la sala de espera contrastaba demasiado con el quilombo que se veía en los televisores que transmitían la salida de los equipos. Y mi tío caminaba esa sala de espera sin saber si festejar con un nudo en la garganta, o llorar con una leve sonrisa.

Dicen que uno deja de ser chico cuando se muere su papá. También es verdad que vivir la muerte de mi abuelo con 16 años podría sentirse como el momento en el que dejé de ser chico. Lo cierto es que desde el 27 de diciembre del 2001 no hubo más vermut los sábados, ni historias antes de dormir la siesta, ni juegos de infancia.

Si existiera la posibilidad teatral de comunicarse con los muertos imagino una última charla entre Alberto y Casiano que podría ser así:

CASIANO: Perdoname por morirme justo el día del campeonato de Racing… aunque si hubieras sido del Deportivo Español esto no te pasaba…

ALBERTO: No te preocupes viejito… nunca es un buen día para que se muera tu papá.

img-6106

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s