Diseño sin título (5)No voy a mentir, Bárbara, mi noviecita de la secundaria, era fea y linda. En realidad, durante todo el colegio estuve loco por Sabrina, pero Bárbara se le parecía bastante y además gustaba de mí. Mientras una era perfecta, la otra seducía por sus imprecisiones: ojos verdes en lugar de celestes, pelo castaño en lugar de rubio y tetas más grandes de lo que cabían en su cuerpo diminuto.

En esa época me interesaba mucho más tener una chica a la que escribirle un tema que una novia. Digamos que estaba enamorado del hecho de estar enamorado y de novio con “María Componer Canciones”. A mi noviecita le cantaba valses con la guitarra en la plaza, escribía “para Bárbara” abajo del título en mis partituras y le grababa canciones en cassettes, para que escuchara en el walkman a la noche.

Pasaron dos meses de besos en el parque y minuets en sol mayor hasta que me invitaron a cenar a la casa Bárbara y su familia. Esa noche fue la primera presentación oficial como “el novio” en mi vida.

El mal sabor que queda de ese encuentro es que hasta la pregunta fatal venía saliendo todo bien. Para impresionarlos había utilizado todo tipo de trucos: comenté a la madre (profesora de matemática) la relación entre Bach y las funciones trigonométricas, realicé un despliegue irrefutable de buenos modales en la mesa, y decliné la oferta de cigarro del padre. Sin embargo, al volver de fumar, y mientras levantábamos los platos, el señor dijo: “Así que músico, eh… ¿Y de qué vas a vivir?”.

Tremenda amenaza, en boca de un abogado de bigotes, sonaba mucho peor de lo que a los ojos de hoy parece. Supe de inmediato que estaba poniendo en juego mi futuro, mis ilusiones y mis sueños. Hombre o niño, responsable o bohemio, negocios o pobreza… todo eso dependía de mi respuesta.

– En realidad, tanto la música como el teatro son hobbies. Son buenos para formar  cultura general – me apuré a responder, y proseguí -Dentro de unos años, cuando termine la secundaria, seguramente estudiaré abogacía. Me parece que, en tiempos en que los ingenieros no abundan, las carreras tan relacionadas con la matemática podrían ser salidas laborales interesantes… pero no me veo tan preparado- comenté mientras los ojos de Bárbara brillaban como nunca al verme.

Lo que siguió al sobresalto fue incómodo pero no tanto como ese momento. Sin embargo, después de tal definición tuve que tomar cartas en el asunto. No podía dejar pasar ni un día y, por más de que doliera, había que dejarlo todo.

Efectivamente, la música hoy es un hobbie y sólo compongo de vez en cuando. Pero también es cierto que me gustó tanto el hecho de inventar esa mentira de que iba estudiar abogacía que la mañana siguiente, en el primer recreo, dejé para siempre a Bárbara y me dediqué a mentir de manera profesional, a vengarme de la gente… escribiendo historias.

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3 comentarios sobre “La respuesta más importante de mi vida

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