Ordenar la casa es una cagada. Sin embargo, cada dos o tres meses ocurre la tragedia. Soy desordenado y lo digo con mucha más angustia que orgullo.

Creo que en todas las parejas, independientemente del género, hay uno de los dos que tiende a ser más ordenado. En casa podría haber sido yo el organizado de no ser porque a mí la limpieza me chupa un huevo.

Cuando ordenamos Belén siempre intenta encontrar el lugar justo para las cosas. Yo, en cambio, busco donde esconderlas. Belén además de ordenar, limpia. Yo agarro la escoba y la paso por los espacios despejados de muebles porque no sé pasar la escoba con obstáculos. No es vagancia, es impericia.

Durante el período de orden suelo andar por la casa con miedo, como si fueran a descubrir que no nací para eso. En definitiva esa es una gran verdad, no sé detectar el desorden, no vine con ese Botón. Por ejemplo, este cajón estuve ordenandolo hora y media y ese arrugado leve es el mejor resultado que pude lograr.

Belén en cambio tiene un radar. Yo me paro frente a la biblioteca y observo como todo está perfecto mientras ella desde la cocina, sin mirar la escena, puede gritarme “Fijate que hay un muñeco en la biblioteca que debería ir al cuarto de las chicas “ Muñeco que, en efecto, está fuera de lugar.

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Generalmente, voy evitando las tareas de saneamiento a golpe de mates. Nunca soy tan amable y gentil cebador como los días de orden y limpieza. Prefiero terminar hinchado como un sapo a  que se den cuenta de que todavía no distingo que poner en cada uno de los dos tachos de ropa sucia del lavadero.

Una clave es el humor. Ordenar la casa es una tarea difícil y sé que mi gran a porte es ir haciendo comentarios humorísticos para no entrar en estado de alerta. El problema es que generalmente provoco el resultado inverso, y termina siendo la espiral de la catástrofe. Entonces vuelvo a ofrecer un matecito.

¿Cuál es la mejor defensa que encontré? El secreto es caminar, andar todo el tiempo moviéndome por la casa. Lo importante es no generar sospecha, y mucho menos dar la posibilidad de que me adjudiquen una nueva tarea.

Caminar, por ejemplo, llevando y trayendo cosas. Para mostrar que estoy haciendo una tarea en el cuarto puedo agarrar una almohada y llevarla al balcón. En el balcón, a la vista de todos, la sacudo y vuelvo a llevarla a la pieza. Así lo hago con cada uno de los setenta y siete almohadones que Belén compró para poner en la cama.

Ahí hay otro secreto: tareas largas. Siempre puedo llevar todas las almohadas juntas pero camino más y me ven trabajando más tiempo si las llevo de a una.

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Otra tarea larga es la de doblar las sábanas, a veces quedas como un pelotudo, medio enredado en el elástico y preguntándote ¿por qué no harán un elástico que sea fácil de doblar?, pero funciona bastante bien porque es una tarea visible a los demás y que lleva tiempo.

Por último, una mezcla de las caminatas y las tareas largas es la de tareas secretas difíciles y sin sentido. La vez pasada, llevaba veinte minutos refregando, cuando Belén me encontró limpiando un balde.

Hay algunas tareas que aprendí a hacerlas por amor, como hacer la cama todos los días. En mis épocas de soltero podía dormir directamente sobre el colchón. Pero ahora, todas las mañanas hago la cama. Nunca entenderé por qué algunas personas no pueden dormir si la cama “no está tirante cuando me meto”.

Sepan ustedes ordenados, con todo lo dicho hasta aquí, que nosotros sufrimos más que ustedes nuestro desorden. Entiendan que para nosotros los minutos buscando la billetera suman más que los que hemos estado leyendo. Conozcan el problema tremendo que se nos presenta a diario recorriendo cada parte de la casa buscando el buzo que usamos ayer. Y sobretodo, sepan que cuando salimos y volvemos a entrar (esa actividad que parece demente) es porque estamos repasando el camino que hicimos la última vez que supimos donde estaban las llaves.


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18 comentarios sobre “¡A guardar, a guardar!

  1. Divertido y cierto. No queda más remedio que arrimar el hombro en casa con la limpieza. Lo cierto es que el respeto es necesario para no torturar al otro. Pues hay quien hace intencionadamente las cosas, deberían de transigir con ellos para no torturarlos. Es necesario convivir en paz.

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    1. Desde luego! Creo que es la clave para la convivencia. Mas allá del humor del texto en casa hay una regla “Lo que uno no hace lo termina haciendo el otro, asi que mejor acomodar cuando distinguimos el desorden” (no se si se entiende la regla, jaja)

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  2. Gracias por visitar y seguir mi blog.
    Vi exactamente lo que me pasa en los días de ordenar la casa. Yo soy como Belén, mi hijo y marido son como tu, me quedo loca a cada vez. Para evitar la 3a guerra mundial, pongo una buena musica en alto y voy haciendo todo lo trabajo, mientras echo unas miradas mortíferas a mis chicos.
    Su texto es muy-muy bueno, me encantó!

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