Saquemos de ese lugar sagrado a la primera novia. La mía se llamaba Culo y era insoportable. Lo peor de ese primer noviazgo no fue que los dos cogíamos mal y no lo sabíamos, lo peor fue que ambos eramos vírgenes de rompimientos. Estiramos nuestra relación mucho tiempo temiendo no encontrar a nadie que nos vuelva amar, y fue tremendo.

Culo tenía la habilidad de hacerme dudar hasta de mi nombre, y encima se enojaba mucho cuando yo dudaba. Siempre era igual: pasaba algo, yo tomaba la iniciativa, ella la cuestionaba, yo dudaba y ella se enojaba por mis dudas. En esa época yo pensaba que amar era tener miedo a que la otra persona se enoje.

Mi refugio en esas épocas eran los amores imposibles, las historias que me inventaba con otras mujeres que sabía que no serían mías jamás y que justamente por eso idolatraba. Un ejemplo era mi novia del colectivo, a la que le escribí esta carta. La novia de verdad me mataba la autoestima, las imaginarias, me llenaban el alma.

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Lo del registro fue una señal que interpreté años después. Eran tiempos gasoleros y habíamos planificado diez días de camping en Mar del Plata. No eran las vacaciones soñadas pero me gustaba la idea de desayunar en cacharros, asar carnes todos los días y  coger mucho y a la intemperie. En realidad, lo único que me gustaba era coger en una carpa, pero cuando estábamos llegando a la ruta dos me di cuenta de que tenía el registro vencido.

Saben lo que odio los tramites como el de hacer el Monotributo así que se imaginarán mi animo por tener que hacer el del auto en una mañana. Renovar el registro se solucionó esa misma mañana. La cara de Culo, no. De hecho, fue su comodín para ganar discusiones durante meses. Hoy todavía, cuando tengo que hacer un viaje de media hora, lo primero que hago es chequear mi registro y siempre aparece su voz “lo tenés vencido, Boludo. Lo tenés vencido”.

La salida se había demorado, pero todavía estábamos en una hora agradable para viajar. Culo estaba enojada y yo estaba acostumbrado, entonces volvimos a salir a la ruta.

No creo mucho en lo de las energías, pero la primera vez que pinché en mi vida fue en ese viaje. Iba a 130km/h por la ruta dos cuando vi volar una parte del neumático al lado mío. Me dio pánico. No por el auto, sino por el inminente enojo desde el asiento del acompañante.

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Cambiar una rueda, por primera vez es bastante difícil, pero cambiarla con Culo fue imposible. “¿Por qué no sacas primero el gato?”, “Para mí no es ese lado de la llave cruz”, “¡Si no haces fuerza las tuercas no van a salir!”, “Antes de sacar la rueda, yo buscaría el auxilio en el baúl”, “¿Encima hay que sacar todas las cosas del baúl?”, “Esa rueda de auxilio no me da nada de confianza, habría que cambiarla por otra”… A ella la tendría que haber cambiado por otra, mucho antes de cuando lo hice.

La grúa cargó nuestro auto y nos llevó hasta el camping. Todo el viaje en grúa lo hice sin hablar y mirando por la venta. Conté 53 vacas hasta que me aburrí de contar. En un momento nos dimos la mano con Culo, y casi, casi lloré sin entender. Tardé dos años a en asumir la tristeza.

Llegamos con una noche cerrada y armamos nuestra carpa casi a oscuras. Después de tanto viaje caí rendido en mi bolsa de dormir y me acuerdo que pensé “por suerte sólo faltan diez días, se terminan las vacaciones y voy a poder volver a descansar”. Pero la única realidad, es que siempre faltan diez días para descansar cuando estas con alguien que no amás más.


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4 comentarios sobre “Mi novia culo

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