Pese a que hoy fue publicada en Science como uno de los descubrimientos del mileno, la primera vez que hablé de la teoría de los puntajes sexuales fue un fracaso. Era jueves a la noche y loscarolos de caballitoestábamos tomando unas cervezas en el bar.

Tenía desde hacía semanas un teoría que que venía guardando para abrir debate en alguna jornada de poca charla. Cuando Marcos amagó a pedir la cuenta tiré el titulo sobre la mesa y una vez que capté la atención de todos la desarrollé.

– Supongamos que a cada uno, al afrontar su vida sexual, se le asigna, administrativamente, un puntaje que va del uno al diez. Siendo uno el selecto grupo de las personas más hermosas del mundo, y diez, el reducido, pero tristemente reconocible,  grupo de los más horribles.

– Debería ser al revés, los uno los más feos y los diez los más lindos. Como los puntajes de la escuela – Protestó el cabezón, sólo para interrumpir el desarrollo.

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– Es lo mismo. La cosa es que cada uno tiende a relacionarse, naturalmente, con los que ocupan el mismo número, más/menos una posición. Quiero decir, si uno es supongamos un tres, ha de relacionarse con las damas tres, cuatro y dos.

– Damas o caballeros, no entiendo tu sexismo – Recriminó, un poco atendiendo a los temas actuales de género y otro poco para pelear, el cabezón.

– Damas, o caballeros. Es cierto – Me retracté. – Digamos que así se sostiene un determinado Status Quo de belleza global. Yo, que me sé un cuatro en escala de belleza, al ingresar a un boliche, recorreré las pistas de baile buscando, no la más hermosa del corso, sino la más hermosa de la categoría cuatro. Quizás alguna tres (susceptible a la poesía más que a la belleza física) y, a medida que pase la noche, veré aún con mejores ojos a las muchachas categoría cinco.

– Bastante pelotuda tu teoría – refunfuñó el cabezón dándole vueltas con el dedo a un maní en su cerveza.

– Esperá porque hay más. Hay una variable que puede modificar un poco ésta situación. Se trata de la autopersepción. Uno puede ser categoría siete, pero creerse categoría cinco. De ésta manera, un siete puede aspirar a tener una relación con alguien… ¡etiquetado como cuatro! Este es el típico caso de “¿viste con esa cara de boludo la mina con la que sale?”. No se trata de buenas pilchas o peinado a la gomina, eso no te hace subir de escalafón, sino de creer que realmente sos un número que no te pertenece.

– Es muy deprimente tu teoría, de esa manera a nosotros nos esperan sólo relaciones tristes con mujeres entre ocho y cinco – Dijo Morfi, que acababa de perder su chance con una número dos, o uno y medio.

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– Hay un último elemento, que da esperanzas. Sin embargo, no nos veo a ninguno de nosotros en posiciones de acceder a este recurso.

– Yo me prendo, i´m in – levantó la mano Juan, que estaba obsesionado con el póker online desde hacía unos días.

– La única chance que tiene un cuatro, para salir con un uno es la plata. Los ejemplos abundan, las mujeres hermosas y los futbolistas, el hombre de negocios con la dama del momento, etc. etc. Pero me parece tristísimo ensuciar el arte amatorio con billeteras.

Nos quedamos en un resignado silencio. Alguno prendió un cigarro, otro sorbió la cerveza algo tibia y yo me quedé mirando al vacío. De pronto me agarró como un calor, una bronca, una especie de picazón que me subía desde las pantorrillas.

– ¿Saben qué? ¡Me retracto!- reproché mientras me paraba y levantaba el chop – hagamos un brindis. Salud por los tipos, y las minas, como nosotros. Los que prefieren jugársela el pleno por la número uno del mundo a resignarse con “lo que toca”. Por las personas que van detrás de los imposibles aún sabiendo que van a perder. Y, sobretodo, a los que piensan que la guita no puede comprarlo todo.

Cuando terminé de hablar hice un gesto como invitando al brindis. No se paró nadie. Y Morfi estaba llorando, imagino que recordando aquella historia de amor inconclusa.

 

 

 

Un comentario sobre “Teoría de los puntajes sexuales

  1. Este tema da para mucho. Hace tiempo hablando con un amigo que lleva a sus espaldas una dilatada vida sexual, me comentaba desde su experiencia que prefería las mujeres que a simple vista parecían apocadas, mojigatas. Decía que sexualmente eran más activas y atrevidas que las que físicamente catalogáis de mujer 10. Decía que las que parecían más sumisas y retraídas, en la cama despertaba su parte felina. Desde mi experiencia, que es más limitada, te puedo decir que el físico solo acompaña a primera vista. En el caso de los hombres que se consideran menos atractivos desarrollan otras capacidades para seducir y suelen ser los reyes en las fiestas.

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