Cada dos o tres días en lo que va de la cuarentena aceptamos el reclamos de las chicas de comer mirando la tele, pero con una condición: se mira una película. En estos más de ciento treinta días de encierro hemos pasado por prácticamente todo: vimos las de Dreamworks, las de Disney, las de animación, las de personas, tuvimos películas que abandonamos a la mitad y películas que vimos más veces que las permitidas legalmente.

Sin embargo, el otro día vimos Aladdin (la versión “en personas” de 2019) y me disparó pensamientos varios acerca de este momento tan particular.

Vayamos por partes. Aladdin es un pequeño ladrón, enojado con las “injusticias” en su aldea, a la que conoce más que la propia princesa. Cuando este muchacho se encuentra con la lámpara, el genio y la posibilidad de pedir tres deseos es donde empieza lo interesante de toda esta voltereta.

El primer deseo de Aladdin es bastante respetable: se quiere coger a Jazmín y le pide al genio que lo nombre príncipe porque sino legalmente no puede hacer nada con la princesa. Que primer deseo sea sexo creo que es algo en lo que mis amigos psicólogos podrían coincidir.

En cuanto a su segundo deseo, el ñato este ni siquiera logra pedirlo y termina siendo “ejecutado” por el genio en un acto bastante raro de salvación bajo el agua del personaje principal en manos del cornudo de Will Smith. 

Finalmente, en un acto tomado como “heróico” el ladrón usa su tercer deseo para liberar al genio. Cuando digo “heróico” lo digo porque pareciera ser que nunca nadie pidió un deseo en favor de los demás. Sorprendido y modificado por esto el Sultán dice “loco, hice todo mal, la posta es la que tiró este pibe. Ahora bien, hija mía, demostraste (ya que este muchacho lo elegiste vos) que podes ser Sultana porque elegiste bien a tu macho, y vas a poder romper la regla que te impide casarte con Aladdín”.

Ahora… las preguntas. Ya que Aladdin es tan considerado, ¿Por qué en lugar de pedir la liberación del genio no pide la liberación de su pueblo al que tanto conoce?, Ahora que Jazmín será la primera Sultana, y pueda romper la ley, ¿Por qué en lugar de romper una ley que solo la favorece a ella no la rompe en beneficio de los oprimidos?

… Aladdin me parece que vos lo único que querías era pertenecer a los privilegiados…

Y si de casualidad llegaste a leer todo este choclo, te preguntarás qué tiene que ver esto con la pandemia. 

Creo que estuvimos atravesando una situación parecida a la de Aladdin, que muchos veníamos sintiendo que había cosas que no funcionaban. Sin embargo, en cuanto tuvimos la posibilidad real de emprender un cambio verdadero encaminamos nuestros esfuerzos para “volver a la normalidad” lo antes posible. 

De hecho, si se fijan el discurso de los medios dominantes, o las manifestaciones en la calle de este tiempo, o las insólitas “revueltas” en pos de Vicentín, fueron, sin lugar a dudas, ejemplos claros de las defensas que el sistema tenía preparados. 

Con Aladdin sentí que de alguna manera, nuestras ideas se fueron formateando para defender los intereses de otros por nuestro deseo de algún día pertenecer.

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