Mitos, leyendas y cosas que me inventé de un hombre que revolucionó la historia de la música

¿Vamos a hablar de música y notación musical? ¡Si, mi sol! ¿Por qué vamos a hacerlo? Porque sin la escritura musical hoy no podríamos saber cómo suena la música de Mozart, Beethoven, o Arjona. 

Remontemonos a los años 800 e imaginemos a un pequeño niño, al que llamaremos Roberto Estándar, que decide ser monje. Como el niño Roberto canta bien le dicen que vaya a estudiar al coro. La primera canción se las enseña otro monje y se las canta, porque a él se las cantó un monje anterior y más viejo. Así el joven Roberto aprende la canción uno y ahora sólo le quedan diez años de carrera para aprender de memoria las otras trescientas canciones del repertorio.

Durante mil años toda enseñanza musical fue así hasta que un día un flaco se despierta y dice “loco esto hay que ver la forma de escribirlo y leerlo porque así perdemos demasiado tiempo”, este flaco es el monje Guido de Arezzo y con él la historia de la música cambiaría para siempre.

Don Guido (fundamental no confundirlo con Don Diego, porque ese era el zorro) creó el tetragrama , puso nombre a las notas e inventó un sistema para cantar a primera vista siguiendo los movimientos de sus dedos y sus manos que fue conocido por todos como la mano guidoniana. Pero eso será mucho después, volvamos al año 800.


Antiguos Neumas – Escritura musical previa a Guido de Arezzo

La única ayuda que tenían los monjes para poder recordar una canción era seguir las indicaciones que el director hacía con sus brazos: si los movía para arriba había que cantar agudo, si los movía para abajo cantar grave y si atravesaba su garganta con el dedo índice había que dejar de desafinar.

Además de esta especie de guía coreográfica en algunos lugares del imperio romano había empezado a desarrollarse un sistema muy tosco de garabatos y signos arriba de las letras de las canciones. Para que se hagan una idea, ese tipo de escritura funcionaba como las actuales tablaturas de guitarra en las que sólo conociendo la canción uno puede entender como tocar eso que está escrito.

Entonces sí, en el año 991, nace en Toscana Guido Arezzo. Está por cambiar la historia de la música para siempre, pero todavía falta porque el recién nacido Arezzo está mucho más preocupado por tomar la teta que por tomar nota musical.


Guido de Arezzo

Fotografía original de Guido de Arezzo sacada por el fotógrafo presidencial Victor Bugge

Sus primeros momentos en las abadías son malos. Cansados ante los cantos de Guido los monjes le advierten que se concentre en los estudios y deje de lado la música. Sin embargo, tanta era la pasión de Arezzo que los monjes se rinden… y deciden mandarlo a otra abadía sin cantantes.

Entre los años 1040 y 1050 , en la nueva abadía de Pomposa la vocación monástica de Guido madura y logra incluso desarrollarse musicalmente. Es en ese momento, cuando en plena sobremesa y truco gallo con dos novicios a Guido se le enciende la lamparita: “Una delgada línea roja que marque la tónica”. 

Esta iluminación lo convierte en adelantado por partida doble: primero porque hasta entonces nadie había pensado en la línea roja para la notación musical y segundo porque la lamparita que se le encendió, en realidad, no se inventaría hasta el siglo XX. 

Desde entonces, se dedicó por completo a estudiar y desarrollar sistemas que permitieran escribir la música que se cantaba en los monasterios. El gran objetivo era poder acortar los tiempos de enseñanza y aprendizaje, y vaya si lo logró, ya que a partir de sus estudios la carrera de los monjes cantantes se redujo de diez a un año.

Repasemos el top tres de los grandes inventos de Guido de Arezzo.


3. La mano de Guido

La mano guidoniana fue utilizada en la música medieval para ayudar a los cantantes a leer a primera vista. Guido utilizaba las articulaciones de la mano para ayudar en el aprendizaje del canto. Para decirlo más fácil, dividía su mano en notas que iba señalando con la otra (con la otra mano). Algunos musicólogos han llegado a desarrollar la idea de que basados en lo que Guido hacía con sus manos luego inventaron el “piedra, papel o tijera”, pero eso es algo que difícilmente haya sucedido, en especial porque lo acabo de inventar.


2. Nombre de notas y  solfeo

En esa época había un tema que sonaba en todas las abadías: Ut queant laxis. Se trataba de una especie de despacito o macarena de la época que tenía la particularidad de que cada frase musical empezaba en una nota superior. Guido empleó la primera sílaba de cada frase para identificar las notas que con ellas se cantaba.

Ut queant laxis

Resonare fibris

Mira gestorum

Famuli tuorum

Solve polluti

Labii reatum

Siglos más tarde, Anselmo de Flandes introdujo el nombre si para la nota faltante, combinando las iniciales de Sancte Ioannes. Posteriormente, en el siglo XVII, el musicólogo italiano Giovanni Battista Doni sustituyó la nota ut por do, pues esta sílaba facilitaba el solfeo, por terminar en vocal (Andá vos a cantar UTTTTTTTTTTT!).

Puede encontrarse incluso las denuncias en manuscritos de la época en donde se denuncia a Guido de plagio. Desde luego, todos sabemos que ese sistema de educación fue diseñado por la novicia rebelde y por eso Guido terminó perdiendo el juicio al que fue sometido en la corte de Austria.


1. El tetragrama

El que para mí fue el invento clave de Guido es el tetragrama. Una verdadera revolución a la hora de poder registrar la música que se cantaba y que luego pudiera ser repetida a posteridad tal cual el compositor la había pensado. 

Este método hacía que la música fuera fácil de leer, una línea roja representaría la nota “fa”, vendría a ser lo que hoy denominamos “clave”. A partir de esa línea, se construían el resto de notas. 

Más tarde se incluyó una segunda línea amarilla que representaba el “ut”, y una tercera línea negra entre las dos anteriores que representaba el “la”, teniendo de este modo las notas: “fa, sol, la, si, do”.

Este sistema de cuatro líneas fue una revolución para la época porque permitió una manera muy concreta de representar los tonos de cada una de las canciones. Incluso el sistema de escritura actual del pentagrama deriva directamente del tetragrama de Guido.

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