Mi primera gran puteada

La primera vez que mandé a alguien a la concha de su madre tenía nueve años y jugaba de arquero para la categoría 86 del club  Chacabuco. No fue un insulto más, ni con la levedad de proferirlo a un compañero, no. Había que tener huevos para, a los nueve años, mandar a la concha de su madre a Jorge Troncoso.

Preparando la venganza

La tarde del asesinato de mi esposo habíamos ido hasta el gigante de cemento para ver otra vez a esa gente. Alguna vez podía pasar, y pasó ese domingo a la tarde. No sabíamos que era lo que pasaba pero nos habíamos dado cuenta con Eusebio de dos patrones. Lo primero es que habíamos descubiertoSigue leyendo «Preparando la venganza»

Nunca es un buen día para que se muera tu papá

Me da bronca no poder contar esta historia con recuerdos de cancha junto a mi viejo. Siento que quedaría mucho mejor adornarla con anécdotas de tribunas y abrazos de victoria, pero no.