Mi primera gran puteada

La primera vez que mandé a alguien a la concha de su madre tenía nueve años y jugaba de arquero para la categoría 86 del club  Chacabuco. No fue un insulto más, ni con la levedad de proferirlo a un compañero, no. Había que tener huevos para, a los nueve años, mandar a la concha de su madre a Jorge Troncoso.