Todavía me acuerdo los nervios la noche de la “presentación oficial” con la familia de Belén. Me cambié muchas veces de ropa, elegí mi mejor perfume, me retoque la barba y no sé cuántas cosas más. La primera impresión, a veces, es mucho más que eso: es una declaración de principios.

Lo mismo aplica para las plataformas de streaming y las “banderas” de su lanzamiento. No es casualidad que las primera producción de Netflix haya sido House of Cards, o que Apple TV+ se haya presentado con The Morning Show (veanla si quieren hacerse bien). La pregunta entonces que queda picando es ¿Qué pasa con Disney+ y Hamilton?

La primera lectura, y la más evidente, es la que propone que Disney+ viene a hacer historia, o una revolución, del streaming y por lo tanto se presenta con un relato sobre la historia y la revolución de USA. Ponele que compro. 

La segunda, más provocadora, sería pensar “Hola, que tal soy Juan Carlos Disney y la tengo por el piso, a tal punto que lanzo en mi plataforma de streaming un musical y firmado en el teatro”. Una mirada algo más canchera que también cuaja.

¿Y del contenido de ese relato hay algo? Bueno, tiremos de la piola a ver qué sale.

El musical éxito de broadway presenta la historia de la independencia de Estados Unidos contada a partir del punto de vista de Alexander Hamilton. El personaje es presentado como el más capo y revolucionario de todos los que andan por ahí, ¿de qué manera presentan eso? Bueno… ponen a otros personajes a decir “che, que revolucionario que es Hamilton, loco. Es el más capo y revolucionario de todos”. ¿Contra qué se revela? ¿Cómo pretende llevar adelante la revolución? ¿Cuál es el objetivo de esa revolución? Importa poco, quizás alguna rima al paso en medio de tanta rapeada lo explica.

La clave de la obra es la “actualización”, como se aggiorna el discurso para llegar con una historia que, a priori, no tiene muchos condimentos. (aggiorna y a priori GUIEN SÓ!?). 

En su forma ésta actualización es clara: todo rap, en el congreso hay debates que son “riñas de gallos”, personajes cool, etc. etc. Sin embargo, la actualización no pasa sólo por la forma, pasa también por su contenido. 

El profundo conflicto de Alexander Hamilton es el choque de intereses entre la independencia y sus relaciones personales. Diciéndolo de otra manera, Hamilton pareciera atravesar, por momentos, una puja entre dedicarse de lleno a su misión o dedicarse de lleno a sus seres queridos: “pasemos un verano en el campo y deja tanto trabajo” le protestan al principio del segundo acto. La trama se resuelve justamente (no voy a spoilear) cuando logra entender que no es uno u otro sino lo uno y lo otro.

La actualización más grande de Hamilton es ese conflicto. Difícilmente aquellos prohombres de la independencia tuvieran esos problemas internos, esas pujas entre su deber con la historia vs su deber en las relaciones personales. 

Para la cena con la familia de su nueva pareja (los que contrataron su servicio de streaming) Disney quiso ponerse ese traje, casualmente, el mismo que viene usando en sus películas de animación desde Frozen en adelante: el que viene a preguntarnos ¿Se trata de la familia o el trabajo? Las respuestas dependen de otro análisis que me da fiaca hacer, pero que estoy dispuesto a leer en sus comentarios.

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